INTRODUCCION. "Un hilo de sangre"
INTRODUCCIÓN
"Un hilo de sangre" que teje el destino del Homo-Humano
¿Existe una genética literaria, quizás más compleja que la de la misma biología, que permita establecer la herencia, la evolución y las mutaciones de de la literatura y de las obras de arte en general?
La vida como la literatura están ligadas por "un hilo de sangre", el mismo que puede recorrerse, en todos los sentidos, desde el remoto origen, hasta el permanente presente, en la actividad sin fin de querer desvelar los misterios del ser humanos.
Un arcano origen que se remonta a esa madre primordial de todas las literaturas, habidas y por haber, que es la necesidad vital del Homo-Humano por contar, fantásticamente, las historias de todo aquello que le es desconocido y misterioso, y de aquello que no puede controlar o desvelar y que, entonces, su imaginación resuelve por medio de la fantasía, inventando mundos a su imagen y semejanza.
Ese es el mecanismo evolutivo que determina la genética y la evolución de toda la literatura, incluidos los mitos, las leyendas y toda obra de ficción y que no es otra cosa que el poder performativo del lenguaje (1), el cual, si bien no existe en la evolución biológica un mecanismo correspondiente, si es una actividad del lenguaje tan natural como lo es la actividad mental, la que es para la biología, real y concreta.
“[…] enunciado performativo. Para decirlo en términos de J. L. Austin: la enunciación crea la verdad” (2).
Ese es “el hilo de sangre” que se une por el hilo de todas las palabras de todas las historias contadas desde el origen del Homo-Humano, la vida y la literatura.
"Un hilo de sangre" como el que Gabriel García Márquez traza en la narración de uno de los más de los enigmáticos y fantásticos relatos de Cien años de soledad, de los tantos dispersos por toda la novela.
Se trata del relato del capítulo VII, de Cien años de soledad, en el cual, "un hilo de sangre", salió por las calles y por las casas de Macondo hasta encontrar a Ursula en la cocina, quien, asombrada, lo siguió, de retorno, hasta su punto de origen.
¿Metáfora o alegoría o enigma, o qué?
Antes de entrar a formular mis hipótesis descabelladas de esa genética literaria, propongo la lectura de ese relato con mente de criptógrafo para que todos los sentidos perciban:
"No todas las noticias eran buenas. Un año después de la fuga del coronel Aureliano Buendía, José Arcadio y Rebeca se fueron a vivir en la casa construida por Arcadio. Nadie se enteró de su intervención para impedir el fusilamiento. En la casa nueva, situada en el mejor rincón de la plaza, a la sombra de un almendro privilegiado con tres nidos de petirrojos, con una puerta grande para las visitas y cuatro ventanas para la luz, establecieron un hogar hospitalario. Las antiguas amigas de Rebeca, entre ellas cuatro hermanas Moscote que continuaban solteras, reanudaron las sesiones de bordado interrumpidas años antes en el corredor de las begonias. José Arcadio siguió disfrutando de las tierras usurpadas cuyos títulos fueron reconocidos por el gobierno conservador. Todas las tardes se le veía regresar a caballo, con sus perros montunos y su escopeta de dos cañones, y un sartal de conejos colgados en la montura. Una tarde de septiembre, ante la amenaza de una tormenta, regresó a casa más temprano que de costumbre.
Saludó a Rebeca en el comedor, amarró los perros en el patio, colgó los conejos en la cocina para salarlos más tarde y fue al dormitorio a cambiarse de ropa. Rebeca declaró después que cuando su marido entró al dormitorio ella se encerró en el baño y no se dio cuenta de nada. Era una versión difícil de creer, pero no había otra más verosímil, y nadie pudo concebir un motivo para que Rebeca asesinara al hombre que la había hecho feliz. Ese fue tal vez el único misterio que nunca se esclareció en Macondo. Tan pronto como José Arcadio cerró la puerta del dormitorio, el estampido de un pistoletazo retumbó la casa. Un hilo de sangre salió por debajo de la puerta, atravesó la sala, salió a la calle, siguió en un curso directo por los andenes disparejos, descendió escalinatas y subió pretiles, pasó de largo por la calle de los Turcos, dobló una esquina a la derecha y otra a la izquierda, volteó en ángulo recto frente a la casa de los Buendía, pasó por debajo de la puerta cerrada, atravesó la sala de visitas pegado a las paredes para no manchar los tapices, siguió por la otra sala, eludió en una curva amplia la mesa del comedor, avanzó por el corredor de las begonias y pasó sin ser visto por debajo de la silla de Amaranta que daba una lección de aritmética a Aureliano José, y se metió por el granero y apareció en la cocina donde Úrsula se disponía a partir treinta y seis huevos para el pan.
-¡Ave María Purísima! -gritó Úrsula.
Siguió el hilo de sangre en sentido contrario, y en busca de su origen atravesó el granero, pasó por el corredor de las begonias donde Aureliano José cantaba que tres y tres son seis y seis y tres son nueve, y atravesó el comedor y las salas y siguió en línea recta por la calle, y dobló luego a la derecha y después a la izquierda hasta la calle de los Turcos, sin recordar que todavía llevaba puestos el delantal de hornear y las babuchas caseras, y salió a la plaza y se metió por la puerta de una casa donde no había estado nunca, y empujó la puerta del dormitorio y casi se ahogó con el olor a pólvora quemada, y encontró a José Arcadio tirado boca abajo en el suelo sobre las polainas que se acababa de quitar, y vio el cabo original del hilo de sangre que ya había dejado de fluir de su oído derecho. No encontraron ninguna herida en su cuerpo ni pudieron localizar el arma. Tampoco fue posible quitar el penetrante olor a pólvora del cadáver. Primero lo lavaron tres veces con jabón y estropajo, después lo frotaron con sal y vinagre, luego con ceniza y limón, y por último lo metieron en un tonel de lejía y lo dejaron reposar seis horas. Tanto lo restregaron que los arabescos del tatuaje empezaban a decolorarse. Cuando concibieron el recurso desesperado de sazonarlo con pimienta y comino y hojas de laurel y hervirlo un día entero a fuego lento ya había empezado a descomponerse y tuvieron que enterrarlo a las volandas. Lo encerraron herméticamente en un ataúd especial de dos metros y treinta centímetros de largo y un metro y diez centímetros de ancho, reforzado por dentro con planchas de hierro y atornillado con pernos de acero, y aun así se percibía el olor en las calles por donde pasó el entierro. El padre Nicanor, con el hígado hinchado y tenso como un tambor, le echó la bendición desde la cama. Aunque en los meses siguientes reforzaron la tumba con muros superpuestos y echaron entre ellos ceniza apelmazada, aserrín y cal viva, el cementerio siguió oliendo a pólvora hasta muchos años después, cuando los ingenieros de la compañía bananera recubrieron la sepultura con una coraza de hormigón. Tan pronto como sacaron el cadáver, Rebeca cerró las puertas de su casa y se enterró en vida, cubierta con una gruesa costra de desdén que ninguna tentación terrenal consiguió romper. Salió a la calle en una ocasión, ya muy vieja, con unos zapatos color de plata antigua y un sombrero de flores minúsculas, por la época en que pasó por el pueblo el Judío Errante y provocó un calor tan intenso que los pájaros rompían las alambreras de las ventanas para morir en los dormitorios. La última vez que alguien la vio con vida fue cuando mató de un tiro certero a un ladrón que trató de forzar la puerta de su casa. Salvo Argénida, su criada y confidente, nadie volvió a tener contacto con ella desde entonces. En un tiempo se supo que escribía cartas al Obispo, a quien consideraba como su primo hermano, pero nunca se dijo que hubiera recibido respuesta. El pueblo la olvidó" (3).
En mi propósito de proponer una genética literaria, interpreto ese hilo de sangre como el hilo que codifica y conecta las genealogías de los Buendía con las genealogías de todos aquellos mundos y personajes que desde el principio lo han sido y lo son por la evolución de la carne y de la literatura.
Una historia de lo qué es el Homo-Humano en sus mitos, obras y cuentos, recorrida, escrita y leída en "un hilo de sangre" que la conecta y la relaciona, de principio a fin y de fin a principio, en la alternancia de olvidos, recuerdos y transformaciones, desde y hasta su destino u horizonte final, con la historia evolutiva y cultural de la humanidad.
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Si, como en los últimos años las ciencias de la genética, el cerebro y la mente, se han aproximado lo suficiente a la naturaleza del Homo-Humano, hasta el punto de poder afirmar, como lo hace Luigi Luca Cavalli Sforza:
"En cuanto a la estructura física de la idea, podemos decir [...] que una idea, vieja o nueva, es un circuito de neuronas" (4).
Se puede afirmar que, al igual que en los organismos vivos, en la cultura del Homo-Humano, la naturaleza de unos y otras están sometidas a las leyes de la evolución.
Evolución biológica y cultural que explica y propone como materia de investigación Luigi Luca Cavalli Sforza en el libro citado y al que remito para cualquier consulta sobre el tema.
Mente y cuerpo son conceptos de una misma unidad concreta y, lo que sucede en el uno, afecta el otro y, de similar forma, las leyes de la evolución actúan sobre ambos:
Un material genético original que, por medio de la reproducción, se diversifica y muta. Un genoma original cuyas "bases" se mueven y sustituyen de generación en generación, de acuerdo a la incidencia de los aportes de las copias del ADN de padre y madre para producir individuos únicos. O un nuevo espécimen, porque, ocasionalmente, en las réplicas del ADN se producen errores en las sustituciones de las "bases" y se generan mutaciones que con el tiempo se normalizan… sólo que, hasta otra mutación.
A partir de esos presupuestos de evolución biológica y cultural, mi propósito es explorar la literatura y proponer la interpretación de una genética literaria a partir de hipótesis descabelladas sobre casos de reproducción, evolución y mutación de los genomas literarios y la existencia de unas "bases genéticas literarias" cuya dinámica, en el ADN literario, hacen posible que la literatura se reproduzca, evolucione y mute.
La genética literaria que propongo se refiere a esa evolución biológica y cultural en la cual las ideas, las palabras, etc., son "un circuito de neuronas" y que, como tales, también operan, se reproducen, evoluciona y mutan en la literatura.
Acepto como punto de partida teórico que, siendo las ideas tan biológicas como lo "es un circuito de neuronas", la siguiente afirmación de Walter Burkert sobre las conexiones entre las literaturas orientales del Atrahasis y del Gilgamesh con los poemas homéricos y el surgimiento de la filosofía griega, se puede asumir como una sugerencia metodológica atractiva para conectar la genética biológica con la genética literaria que propongo:
"El descubrimiento de motivos y rastros estilísticos comunes podría parecerse al uso de etimologías "por consonancia"; son interesantes, sorprendentes, sugestivas, pero raramente probatorias. Los mismos motivos y temas se pueden encontrar un poco por todas partes en contextos comparables. Se añaden, sin embargo, en este caso estructuras más complejas, para las cuales es más difícil que se verifique una pura coincidencia: una idea cosmológica fundamental, un sistema de divinidades, una escena entera en la disposición de caracteres y motivos, una catástrofe de la humanidad según los decretos de los dioses. Parece que Homero esté próximo a la traducción del acadio. Pero una vez establecidos, aunque sea en un único caso, el vínculo histórico y transmisión efectiva, se ha abierto una brecha y ulteriores conexiones, incluidos los préstamos lingüísticos, se hacen más de fiar, a pesar de que, por sí solos, no sean suficientes para sostener el peso de la prueba" (5).
Los estudios de la filosofía del lenguaje, la crítica literaria, la lingüística, la filología, etc., sobre la palabra, el texto, la escritura, el discurso, los signos, los símbolos y sobre la literatura misma, sólo se relacionan con mi propuesta por necesidad y utilidad, porque algunas de sus investigaciones aportan elementos teóricos y prácticos útiles para la formulación y demostración de esa genética literaria que propongo y sobre la cual, supongo, no existe información alguna.
Está por realizar cualquier tipo de estudio, investigación o experimentación, pertinente. Por ello y como sugería Darwin, lo mío es proponer, sin ningún miedo, hipótesis descabelladas con sentido lúdico que es el más serio de los sentidos.
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Las ideas, las palabras, los signos, los símbolos, las artes, las expresiones plásticas, las historias, los cuentos, la poesía, la música, las canciones, las danzas, al igual que los genes, genomas, ADN, etc., están sometidos a las leyes de la evolución: reproducción, selección natural, migración, deriva, mutación, ensayo y error, herencia, etc., de acuerdo con la naturaleza de la materia estudiada: evolución cultural o evolución biológica, así ambas sean territorios en los cuales las ciencias continúan explorando, lo mismo que sobre el asunto de las conexiones entre la una y la otra.
La exploración de este universo desconocido de la genética literaria y para trazar el mapa genético literario, empiezo, como se hace en el descubrimiento de conocimiento, por lo conocido, porque es útil, así y ya, en medio de la aventura, las soluciones a los misterios sean otros los asombros.
Me remonto al génesis de una cosmología fundacional de la literatura, según Emilio Lledó:
“En el principio fue el verbo o lo qué el verbo significa” (6).
Signos, señas, gestos y símbolos, inventados para interpretar, entender, memorizar y explicar lo que se percibía. Con ellos se engendraron los primeros circuitos neuronales, los mitos primordiales: un mito madre: la imaginación y un mito padre: el pensamiento, los cuales engendraron los mitos que fueron y que son para poblar el cerebro y la mente de circuitos neuronales que se reproducen, evolucionan y mutan... hasta hoy.
Los mitos y leyendas que tratan de interpretar, entender, memorizar y explicar: lo sagrado y lo misterioso; la vida y la muerte; el miedo y la valentía; el placer y el dolor; el amor y el odio; la paz y la violencia; la solidaridad y el poder, toda clase de poder natural o sobrenatural; los fenómenos de la vida cotidiana; el tiempo y el espacio; la materia y la energía, en fin, todo aquello que le era y le es desconocido y misterioso, esa es la materia primordial a partir de la cual se desarrolla la memoria y la experiencia del Homo-Humano, de todo aquello que ha sido contado, cantado, danzado, pintado, escrito, en fin, imaginado.
Los mitos, la primera memoria y experiencia de lo sagrado, lo misterioso y lo desconocido, son las materias primas de los primeros libros sagrados (gestuales y orales), materias que luego se transcribieron en "Los Libros".
Los mitos son los primeros genomas de la línea de sangre que emparenta a todas las ciencias y a todas las artes, habidas y por haber. Salvo y que a diferencia del genoma biológico, el genoma literario estaría compuesto por un número de "bases genéticas literarias" todavía no establecidas ni definidas su naturaleza, sus cualidades y características.
Lo cierto es que la literatura se origina a partir de allí y ese genoma y la dinámica de sus bases se ha reproducido, evolucionado y mutado desde entonces en las mentes y cerebros de aquellos Homo-Humanos destinados a explorar e iluminar la misteriosa y desconocida naturaleza humana a través de sus narraciones y poemas. De ellos y ellas trata este libro.
De aquellos Homo-Humanos excepcionales que, así compartan códigos genético-literarios y que, en muy poco o nada, se parezcan, siendo parientes cercanos, algún "genoma lúdico" los convirtió en los más grandes poetas y narradores de la historia de la literatura universal, para así crear y escribir sus obras con "un hilo de sangre" sobre el palimpsesto de las obras de sus predecesores.
De los poemas épicos y los libros sagrados a los primeros cuentos orales y, de estos, a los primeros cuentos escritos de los egipcios, al Atrahasis y al Gilgamesh. De estos a Homero (7) y de este a Virgilio y, de allí en adelante, a Petrarca y a Dante.
De las Mil y una noches, las novelas y poemas de caballería, La Celestina, Gargantúa y Pantagruel etc., a Cervantes y Don Quijote de la Mancha. De todos ellos y la Biblia al Franz Kafka que escribe El proceso sobre el palimpsesto de Crimen y castigo.
O, más cercano todavía, a Gabriel García Márquez y ese "hilo de sangre" que, en Cien años de soledad, recorre las calles de Macondo, quien intertextualiza, como dicen los críticos literarios posmodernos, numerosas pero identificables obras de la literatura universal para escribir sus novelas y cuentos: Bajo el volcán, de Malcolm Lowry (hipótesis descabellada que propongo en otros escritos) y cuántas más, para escribir Cien años de soledad. La poesía de Dante, la de los trovadores y algunos otros escritores, para escribir El amor en los tiempos del cólera. La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne y Shakespeare, de la Vega y de otros, para escribir Del amor y otros demonios. La historia del buen viejo y la bella muchacha y La conciencia de Zeno, de Italo Svevo y otros, para Memorias de mis putas tristes y, muchos más en todas sus obras.
En fin, un hilo de sangre que continúa reproduciéndose, evolucionando y mutando con el mismo Homo-Humano que ha sido, es y será.
Sobre algunos de esos palimpsestos e intertextualidades de autores particulares he escrito en otro libro (8), al fin y al cabo, ellos son los portadores y trasmisores de “los rastros”, de que hablaba Borges, los códigos, las manifestaciones más evidentes de una genética literaria, de ese hilo de sangre que emparenta, como a una familia, a toda la literatura universal.
Con ellos plantearé mi propuesta de lectura por medio de una genética literaria, así como ofreceré algunas sugerencias para que los Maestros LECTOR LUDI y sus alumnos creen su propia genética literaria y realicen su propia lectura genética.
Genética literaria y lectura genética que paso a definir:
La genética literaria es la que estudia, investiga, analiza y establece la génesis, evolución, mutaciones y genealogías de la vida y de la materia literaria: poemas, narraciones, ensayos, en fin, el texto escrito, partiendo de su origen y hasta su estado actual y, además, logra predecir o anticipar las evoluciones, transmutaciones y sus influencias en la literatura del futuro.
La lectura genética es aquella que utiliza de manera imaginativa y libre las metodologías y contenidos de las ciencias que estudian la naturaleza del hombre y del universo, para aplicarlos y conectarlos al análisis de las obras literarias como objetos del estudio de una genética literaria que busca establecer las conexiones y nexos, así como las incidencias que se suceden entre ellas y con el LECTOR LUDI.
Así mismo, la lectura genética, puede disponer y usar, en las mismas condiciones, de los logros de la filosofía, en todas sus especialidades y derivaciones: la hermenéutica, la fenomenología, la lógica, la antropología, la sociología, etc. y, hasta de aquellas disciplinas que trascienden lo natural, como la teología, la metafísica y la mística.
Para realizar la lectura genética el lector se irá convirtiendo en un explorador y descubridor de los elementos que genéticamente se transmiten, evolucionan, permanecen o mutan, de una obra a otra o de una cultura a otra y, por los cuales, es posible identificarlos, determinar su incidencia, establecer la línea y variantes de reproducción, evolución y mutación, así como, probar, acertadamente, la paternidad y la genealogía de la materia analizada.
Por su parte, el lector que aspira a ser un perpetuo iniciado LECTOR LUDI, en permanente proceso de transmutación, irá ascendiendo, en una espiral expansiva, en su visión y comprensión de sí mismo y del universo, hasta el nivel y grado que desee, porque el límite es el horizonte.
En los capítulos que siguen, se explican y muestran algunas propuestas teóricas y ejemplos para que cada LECTOR LUDI pueda desarrollar y crear sus propios métodos y contenidos de genética literaria y lectura genética.
La motivación de estas reflexiones y consideraciones nacieron a raíz de la publicación de los resultados de la investigación que Guillermo Sánchez Trujillo realizó sobre las conexiones entre Crimen y castigo, de Fiódor Mijáilovich Dostoievski y El proceso, de Franz Kafka, en la cual establece una gráfica que él denomina “genoma dostokafkiano”.
Ese genoma fue la inspiración de mis hipótesis descabelladas sobre genética literaria, porque era la única aproximación concreta con la genética biológica que había encontrado en mis estudios sobre literatura y porque, así él no desarrollara propiamente un estudio genético literario y biológico de esas conexiones, algunas de sus consideraciones lo sugerían. Por ello le expreso mi especial reconocimiento de gratitud.
NOTAS
(1) J. L. Austin, Cómo hacer cosas con palabras, 1955, www. Libros Tauro.
(2) Michel Onfray, Tratado de ateología, Anagrama, Barcelona, 2006, p. 137.
(3) Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, Edición conmemorativa, RAE, 2007, pp. 156 a 159.
(4) Luigi Luca Cavalli Sforza, La evolución de la cultura, Anagrama, Barcelona, 2007, p. 100.
(5) Walter Burkert, De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega, El Acantilado, Barcelona, 2002, pp. 24 y 25.
(6) Emilio Lledó, Lenguaje e historia, Taurus-Bolsillo, Madrid, 1996, p. 216.
(7) Walter Burkert, De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega...
(8) Iván Rodrigo García Palacios, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, capítulo 1: Nietzsche: La vida como literatura. Así nació Zaratustra en los tiempos del amor.
Ver blog: http://lectorludi.blogspot.com/
viernes, 15 de agosto de 2008
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