Cap. 4. Un hilo de sangre
Capítulo 4
El genoma:
Bartleby + Barnabooth = Bartlebooth
Un nuevo avance en mi propuesta, será dar un paso más adelante en la demostración de esas hipótesis descabelladas sobre genética literaria y literatura genética que estoy proponiendo y que ya se plantearon en los capítulos anteriores.
Para contribuir a mis demostraciones, voy a analizar un caso excepcional de ingeniería genética literaria, a partir de la novela: La vida instrucciones de uso, de Georges Perec (1938-1982).
Por supuesto, no es el único ni el último ni el máximo de los casos de parentesco literario reconocido y probado; pero si es uno de los más deliberados y asombrosos de la historia de la literatura universal.
Empecemos por explorar en algunos antecedentes.
Cuando James Joyce dijo que a los críticos literarios les iba a tomar más de trescientos años desentrañar la madeja de referencias de su Ulises, posiblemente estaba desafiando a las modas de la crítica literaria de la época, más interesadas en descubrir los antecedentes y las influencias del autor que por investigar y analizar los elementos constitutivos que fundamentan la evolución y desarrollo en las obras de arte, más allá de las mismas teorías estéticas.
Para ese entonces, muchos especialistas de las ciencias que estudian al hombre y sus obras ya estaban probando las conexiones de los poemas homéricos con su pasado y con la incidencia que representaron en lo que les siguió. Es por ello que Joyce y su Ulises son unas gotas más, eso sí, geniales, de ese "hilo de sangre" que es la historia de la literatura.
Para esa misma época, ya se estaba avanzado en las ciencias del lenguaje que tanta influencia tendrían en el desarrollo de todas las áreas del conocimiento y, especialmente, sobre la naturaleza de la comunicación oral y escrita, hasta el punto de alcanzar un punto de similitud y de contacto entre genética biológica y genética cultural y literaria, en la búsqueda de conexiones y correspondencias que aún se tratan de descubrir sobre los secretos de la mente, el pensamiento, la imaginación, el uso de la razón y de la palabra, asuntos comunes hoy.
Pero ese es otro asunto, por lo cual retorno al asunto de la literatura genética.
Es novedoso, pero no extraño, que la investigación de Guillermo Sánchez Trujillo, comentada en los capítulos anteriores, al "tratar de averiguar de dónde sacaba Kafka sus historias" (1), utilizara el término "genoma dostokafkiano" y construyera un cuadro similar al que se utiliza para mostrar el genoma humano con el fin de mostrar gráficamente las íntimas conexiones que El proceso, otros escritos, personajes y el mismo Kafka, tenían con Crimen y castigo y otras obras de Fedor M. Dostoievski.
Cito este ejemplo para mostrar el antecedente de una investigación genética literaria en la que, el uso de la terminología de la genética biológica, se hace común, y no sólo por casualidad o novelería, sino por necesidad metodológica e histórica, tal y como lo obliga el hecho de que "Kafka había reconocido como sus "hermanos de sangre" a Flaubert, Dostoievski, Kleist y Grillparzer" (2). O, igual como cuando Guillermo Sánchez Trujillo titula su primer libro sobre el asunto: Crimen y Castigo de Franz Kafka, anatomía de El proceso (3).
En fin, el LECTOR LUDI podrá encontrar muchos otros casos y ejemplos en la moderna crítica literaria y en las ciencias del lenguaje que lo ilustrarán y asombrarán y a ellos remito su curiosidad.
Por mi (p)arte, como lo dije antes, el propósito con estas notas es llamar la atención sobre un caso extraordinario de génesis o genética literaria, en toda la extensión de la palabra y en el cual un personaje de una importante novela del siglo XX es, como bien lo reconoce su autor, el descendiente directo o construcción genético-literaria de otros dos y que, como en la genética biológica, no es propiamente una suma matemática de sus códigos, sino un nuevo personaje, único y original, que recibe la herencia genético-literaria de sus antecesores para, con ella y al influjo de su propio ámbito cultural, constituir su particular personalidad, como lo hacen los humanos.
Se trata de Bartlebooth, el protagonista, como ya se dijo, de La vida instrucciones de uso, del francés Georges Perec.
Bartlebooth, fue creado por Perec, por su propia imaginación y con la participación de Bartleby + Barnabooth, los fascinantes personajes de Bartleby, de Herman Melville y de Obra completa de A. O. Barnabooth, cuyo autor es Valery Larbaud, respectivamente.
Bartlebooth, como en la genética biológica, es el resultado, transformado y original, de herencias e influencias que, en este caso particular, han sido procesadas mediante los métodos desarrollados por el Ouvroir de Littérature Potentielle (OULIPO, Taller de Literatura Potencial), de los cuales, la novela, La vida instrucciones de uso, es reconocida como una de sus obras emblemáticas.
Bartlebooth, es un personaje síntesis de este trío y, a partir de la exploración de su génesis, sugiero un método personal de análisis para la genética literaria y la literatura genética que propongo como hipótesis descabelladas.
Para los LECTORES LUDI, sugiero la lectura y análisis de esas tres novelas y de algunos estudios críticos sobre el tema.
A continuación ofrezco los retratos de los tres personajes, a manera de divertimento y aperitivo para una lectura lúdica:
BARTLEBOOTH
Es en el último capítulo, XCIX, de los cien, que realmente son noventa y nueve, que conforman La vida instrucciones de uso, de Georges Perec, cuando el lector se encuentra con el retrato de Bartlebooth, de cuerpo presente, por primera y última vez. Es, además, la última página y el momento de su muerte.
Bartlebooth, es el excéntrico y multimillonarios protagonista que dedica su fortuna y los últimos años de su vida a realizar una de las hazañas más extrañas de la literatura universal: armar un puzzle o rompecabezas de su propia invención, con su personal metodología y reglas.
Este es el retrato de Bartlebooth:
"Bartlebooth está sentado frente a su puzzle. Es un anciano flaco, casi descarnado, de cráneo calvo, tez cerosa, mirar apagado; viste bata de lana de un azul desvaído ceñida en el talle por un cordón gris. Sus pies, calzados con chinelas de cabritilla, se apoyan en una alfombra de seda de bordes desflecados; con la cabeza ligeramente echada hacia atrás y la boca entreabierta, agarra con la mano derecha el brazo de la butaca mientras la izquierda, apoyada sobre la mesa en una postura poco natural, casi al límite de la contorsión, mantiene entre el pulgar y el índice la última pieza del puzzle" (4).
Y un poco más adelante:
"Es el veintitrés de junio de mil novecientos setenta y cinco y van a dar las ocho de la tarde. Sentado delante de su puzzle, Bartlebooth acaba de morir. Sobre el paño negro de la mesa, en algún punto del cielo crepuscular del puzzle cuatrocientos treinta y nueve, el hueco negro de la única pieza no colocada aún dibuja la figura casi perfecta de una X. Pero la pieza que tiene el muerto entre los dedos tiene la forma, previsible desde hacía tiempo en su ironía misma, de una W" (5).
[¿Una vida y una muerte quijotesca u otro Quijote que vivió y murió por la genética de la literatura?]
Como si se tratara del estudio de un código genético biológico, el propio Perec usa letras del alfabeto con valor y significado propios.
Es el caso de esa W. ¿Será esa W un gen de la intimidad del propio Perec? Porque W es también el título de una de sus obras autobiográficas: W o el recuerdo de la infancia. Obra que, como podrá comprobar el LECTOR LUDI, se integra sustancialmente al proceso creativo de La vida instrucciones de uso.
Para complementar el cuadro, es necesario presentar el proyecto de Bartlebooth.
Para plantearlo, cito primero del editorial de uno de los dos números que la revista Anthropos dedicó al estudio y análisis de la vida y la obra de Georges Perec:
"¡Que maravillosa invención es el hombre!"
"Bartlebooth traza su proyecto y su empeño; se configura lúcidamente en la acción, en el hacerse del mismo".
Y, a continuación, así se explica el proyecto de Bartlebooth en La vida instrucciones de uso:
"Imaginemos aun hombre cuya riqueza sólo se pueda comparar con su indiferencia por todo lo que la riqueza suele permitir de ordinario y cuyo deseo, mucho más orgulloso, estriba en querer abarcar, describir, agotar, no la totalidad del mundo -proyecto que se destruye con sólo enunciarse-, sino un fragmento constituido del mismo: frente a la inextricable incoherencia del mundo, se tratará entonces de llevar a cabo un programa en su totalidad, sin duda limitado, pero entero, intacto, irreducible".
"En otros términos, Bartlebooth decidió un día que toda su existencia quedara organizada en torno a un proyecto cuya necesidad arbitraria tuviera en sí misma su propia finalidad".
"Se le ocurrió esta idea cuando tenía veinte años. Fue primero una idea vaga, una pregunta que se hacía a sí mismo -¿qué hacer?-, una respuesta que se iba esbozando: nada. No le interesaban el dinero, el poder, el arte ni las mujeres. Tampoco la ciencia, ti tan siquiera el juego. A lo sumo las corbatas y los caballos o, si se prefiere, imprecisa pero palpitante tras estas fútiles ilustraciones (aunque millares de personas orientan eficazmente su vida alrededor de sus caballos del domingo), cierta idea de la perfección". (6).
En las páginas 148 y 149 de la novela, se continúa con la presentación y fundamentación del proyecto de Bartlebooth.
Con esta y la información que el LECTOR LUDI se procure, se ha presentado Bartlebooth, el conejillo de indias de este experimento genético-literario.
Es, entonces, el momento de presentar a los dos ascendientes para poder realizar los análisis correspondientes.
BARTLEBY
El primer miembro del trío, uno de los dos personajes aportantes y por orden de precedencia cronológica, es Bartleby, El Escribiente, personaje de la novela corta del estadounidense Herman Melville (1819-1891) del mismo título y, cuyo "genio y figura", son el motivo y la trama de sus breves páginas.
Esta es la presentación que de Bartleby hace el narrador:
"Como respuesta al aviso que puse, un joven inmóvil apareció una mañana en la puerta de mi oficina que estaba abierta, pues era verano. ¡Puedo ver esa figura aún hoy: pálidamente limpia, lastimosamente respetable e incurablemente desolada! Era Bartleby".
"Después de algunas palabras sobre sus aptitudes, lo contraté, contento de tener entre mi cuerpo de copistas a un hombre de aspecto tan singularmente tranquilo, que podría, opinaba yo, producir efectos benéficos sobre el temperamento volátil de Pavo y el modo de ser ardiente de Pinzas" (7).
Un poco más adelante y, en el momento que Bartleby dice por primera vez las únicas palabras que repite a lo largo de la narración:
"Preferiría no hacerlo",
Se agrega esta descripción:
"Lo miré fijamente. Su rostro era fino y tranquilo; el ojo gris, débilmente sereno. Ninguna señal de agitación lo surcaba. Si hubiera habido la más mínima inquietud, ira, impaciencia o impertinencia en su actitud; en otras palabras, si hubiese habido algo ordinariamente humano en él, sin duda que lo habría despedido con violencia de mi establecimiento" (8).
Como puede notarse, Bartleby es un extraño y misterioso personaje con una constitución genética y de personalidad de gran poder y significación en la exploración de las tinieblas interiores del Homo-Humano.
Sobre él existen algunos estudios y novelas que bien podrán complementar la información del LECTOR LUDI.
BARNABOOTH
El segundo personaje aportante del trío, es Archibaldo Olson Barnabooth, el personaje que escribe el Diario íntimo del que es autor el francés Valery Larbaud (1881-1957).
Ambos, personaje y autor, tan importantes como olvidados para la historia de la literatura del siglo XX.
El primero, Barnabooth, a pesar de ser un personaje de ficción, fue precursor de nuevas formas de expresión literaria y poética.
El segundo, Valery Larbaud, quien fuera, en su momento, uno de los grandes promotores, divulgadores y traductores, de las obras de escritores desconocidos que, gracias a su apoyo, alcanzaron el reconocimiento que merecían.
Igual hizo con algunas literaturas inéditas en Europa que, gracias a su labor divulgativa, fueron reconocidas y ejercieron su influencia en la historia literaria universal. Tal el caso de la literatura latinoamericana que tiene una impagable deuda con él.
En fin, esta es la naturaleza y el retrato del Barnabooth, de Valery Larbaud:
"Barnabooth pertenece a esa especie de hombres para quienes las cosas que contribuyen a la civilización significan en principio placer, juego "gratuidad", divertimiento del espíritu, vale decir, que son "inútiles" según el juicio de la mayoría" (9).
Pero, es el mismo Valery Larbaud quien presenta a Barnabooth en la primera entrada de su Diario íntimo, al referirse a una nota periodística que Barnabooth lee en una publicación ilustrada de Viena, durante un viaje en tren:
"Mr. A. Olson Barnabooth. ¡10'450.000 libras esterlinas de renta!"
"Unas páginas más adelante, una nota informa al lector que yo soy "probablemente uno de los hombres más ricos de este planeta", y con toda seguridad "el más joven de los grandes multimillonarios". El cronista, que me envejece en un año, me felicita por haber fundado hospitales y asilos en América del Sur, pero agrega: "La manera de vivir del joven multimillonario no difiere de la de la mayoría de los ociosos de su mundo".
"Al principio eché pestes muy contra el muy impertinente. Incluso por un instante sentí verdadera lástima, solo como estaba en mi coche-salón; ¿había en el mundo un hombre más injustamente tratado que yo?, ¿un carácter más desconocido que el mío? ¡Significaba tan poco, mis sueños, mis aspiraciones, mi fisiología y mis arrebatos de entusiasmo eran tan "ajenos" a ese joven multimillonario fundador de hospitales!"
"¡Y "ocioso", yo, que consumo mi vida tras la búsqueda de lo absoluto! Tu eres el ocioso, periodistiquilla encorvado toda la noche sobre una mesa" (10).
Pero, además, existe una primera presentación de Archibaldo Olson Barnabooth. Es la que hace el supuesto biógrafo, X. M. Tournier de Zamble y que antecede la edición de Las obras francesas de A. O. Barnabooth, publicadas por el propio Valery Larbaud en 1908 y que dan pie a la publicación definitiva, ampliamente modificada, de las Obras completas..., en 1913.
Dice el supuesto biógrafo, que no es otro que el mismo Valery Larbaud:
“Barnabooth, un encantador joven de veinticuatro años recién cumplidos, no muy alto, vestido siempre con sencillez, bastante endeble, de pelo tirando a bermejo, ojos azules, tez muy blanca, sin barba ni bigote" (11).
A lo que, resumiendo y complementando, agrega Adolfo García Ortega:
"Y explicita que nació en 1883 en Campamento, provincia de Arequipa, hoy Chile, justo cuando una guerra se disputaba entre Perú, Chile y Bolivia por ese territorio. Debido a eso Barnabooth se considera "sin patria". Tras ser mayor de edad se naturaliza ciudadano de Nueva York, de donde es su familia. Celebra las fiestas nacionales del 4 y del 28 de julio, que son las de los Estados Unidos y Perú, respectivamente. Bolívar es a quien más admira junto a Federico II de Prusia" (12).
La biografía de X. M. Tournier de Zamble, que ya no aparece en la edición de las Obras completas..., de 1913, es utilizada y convertida, posteriormente, por Valery Larbaud en la escritura del Diario íntimo de A. O. Barnabooth. Para justificar la supresión de la biografía en Obras completas..., Valery Larbaud sólo explicó que hacerlo resultaría redundante.
DESENMARAÑANDO EL CÓDIGO
Las obras maestras del arte y, entre ellas, las de la literatura, si bien son obras únicas, forman parte del flujo creciente de la creatividad de la humanidad que se acumula, innova, evoluciona y muta de artista en artista, a partir de los logros alcanzados por los ancestros.
Tal es el caso de Georges Perec, quien se remonta a particulares fuentes literarias, artísticas, científicas y de algunas trivialidades, para innovar e intentar una especie de trabajo de ingeniería genética literaria que produzca una original mutación.
En La vida instrucciones de uso, Georges Perec, hace, de las referencias de todo tipo, una parte sustancial y fundamental de la novela. De manera similar a como lo hizo James Joyce en el Ulises.
En una como en otra novela, esas referencias son parte de un juego que el lector quizás quiera disfrutar al desenmarañarlo, quizás sólo por para aceptar el reto o, quizás, con la finalidad de amplificar, casi al infinito, los potenciales significados que ellas agregan al texto.
Sin embargo ese juego o labor no es condición necesaria para que se pueda disfrutar de una lectura corriente y de corrido de estas o muchas otras novelas, las cuales, si bien ofrecen serias resistencias y dificultades, si el LECTOR LUDI se aplica y esfuerza, sabrá apreciarlas y gozarlas.
Por otra parte, a diferencia de Joyce, Perec ha agregado a su novela un anexo que incluye: índice de nombres, algunas referencias cronológicas, el índice de algunas de las historias contadas en el libro y un post scriptum, con el fin de facilitarles el juego a los lectores.
Y para que el LECTOR LUDI se reconozca en ese “hilo de sangre” que nos hace a todos “Uno”, pero solidario.
NOTAS
(1) Guillermo Sánchez Trujillo, El proceso, edición crítica, publicado por la Universidad Autónoma Latinoamericana, Medellín, 2005, p. 15
(2) El proceso, edición crítica, p. 15
(3) Guillermo Sánchez Trujillo, Crimen y Castigo de Franz Kafka, anatomía de El proceso, Universidad Autónoma Latinoamericana, Medellín, 2002.
(4) Georges Perec, La vida instrucciones de uso, Anagrama, Barcelona, 1997, p. 570
(5) La vida instrucciones de uso, p. 572
(6) La vida instrucciones de uso, p. 147.
(7) Herman Melville, Bartleby, Grupo Editorial Norma, Colección Cara y Cruz, Bogotá, 1990, p. 18
(8) Herman Melville, Bartleby…, p.21
(9) Alexandre Vialatte, El elefante es irrefutable, citado por Héctor Bianciotti, en el prefacio a: Valery Larbaud, Obra completa de A. O. Barnabooth, p. 10
(10) Valery Larbaud, Obra completa de A. O. Barnabooth, El pobre camisero, poesía, diario íntimo, Ediciones Igitur, Tarragona, 2005, ps. 83 y 84
(11) X. M. Tournier de Zamble, citado por Adolfo García Ortega en el posfacio, Obra completa de A. O. Barnabooth, p. 306
(12) Posfacio, Obra completa de A. O. Barnabooth…, p. 306
viernes, 15 de agosto de 2008
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